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Desarrollo del bebé

1er trimestre

Conocerlo, guiarlo y entender su comportamiento son las tres claves para que tu bebé crezca feliz

Por Elena Arnáiz*

Aún antes del nacimiento, la sensibilidad de tú bebé te permitirá mantener un constante diálogo mental-afectivo con él. De esta forma, en los últimos meses de embarazo le podrás platicar en voz alta para que conozca tu voz y también las de aquellos que lo aman. Una programación musical cuidadosamente seleccionada es otro medio de relajación y comunicación para ambos.

No debes olvidar que el desarrollo es un proceso común a todos los seres humanos, y que cada bebé crece de acuerdo a su propio ritmo y estilo. Así mismo, hay que tomar en cuenta que el crecimiento de cada individuo depende de la calidad de sus experiencias durante las diversas etapas de maduración y socialización, lo cual constituye un factor determinante para alcanzar el equilibrio.

El primer trimestre: rumbo a la esperanza

Durante esta etapa el recién nacido pesa alrededor de tres kilogramos y mide más o menos cincuenta centímetros. Al nacer, sus ojos son sensibles a la luz, desarrollando el sentido de la vista desde el primer momento, aunque no de forma definitiva. Esto significa que la nitidez y definición no se encuentran completamente desarrolladas. El pequeño es capaz de fijar y seguir con los ojos un objeto en movimiento y desde los primeros días tiende a establecer contacto a través de la mirada.

Por otra parte, el sistema auditivo también funciona desde el nacimiento; el bebé vuelve los ojos hacia la fuente sonora y suele reconocer rápidamente ciertas voces, en especial la materna.

Durante este período pasa la mayor parte del día dormido y se despierta sólo cuando siente hambre o está incómodo, situaciones que invariablemente conllevan el llanto. Una vez alimentado, bañado y cambiado de ropa, recupera la tranquilidad y se duerme de nuevo. Debes tomar en cuenta que el promedio de sueño varía entre 11 y 21 horas, aún cuando la mayoría de los infantes duermen alrededor de 16 horas diarias, con intervalos de tres o cuatro horas.

Es la atención materna o de un suplente afectivamente competente lo que motiva al bebé a abandonar poco a poco su tendencia innata a regresar a la vida intrauterina. Es importante que a través de estímulos sensitivos lo incites a captar el ambiente, haciéndole caricias, leves ejercicios en las extremidades, masajes en abdomen y baños prolongados. Es fundamental que comprendas que el tiempo que pasas con tu hijo es un verdadero placer y no solamente una obligación.

Mientras más observes al pequeño podrás darte cuenta que gira la cabeza, patea, agita sus brazos, presenta ciertos reflejos y estornuda en forma aislada. Recuerda que incluso los nonatos se voltean, mueven las piernas y chupan sus pulgares. Estos signos son importantísimos para que compruebes la buena salud de tu bebé.

El llanto en el recién nacido se presenta como reacción al dolor o a la incomodidad. Puede decirse que es una señal de alerta ante una situación adversa. Así pues, la primera nalgada que se le da al niño le provoca un llanto que resulta sumamente útil, pues da inicio al proceso vital de la respiración.

En ocasiones, el bebé muestra sonrisas desde la segunda semana de nacido; estas sonrisas reflejan un estado placentero y se observan en especial cuando está semidormido o alimentándose, pero todavía no significan ninguna relación emocional. Después de la tercera o quinta semana de vida, el niño presenta ciertas sonrisas cuando reconoce un rostro, lo cual ya implica un nivel superior al anterior.

La importancia del primer mes

Desde la cuarta semana el bebé puede fijar la vista en un objeto y seguirlo con la mirada si se desplaza. Es importante destacar que la luz es un elemento que le resulta en extremo atractivo. Esto significa que sus sentidos se encuentran ‘despiertos’. Al cumplir un mes de edad alcanza a percibir voces, incluso voltea hacia donde las escucha. Llora si tienen los pañales mojados y se calma tan pronto se los cambian. Hay que aprender a distinguir entre ese llanto y la manera que tiene para expresar la sensación de hambre. Cuando está despierto y el llanto no se hace presente, permanece sobre su espalda, generalmente con la cabeza vuelta hacia su lado preferido y extiende el brazo del mismo lado al tiempo que flexiona el contrario hacia un extremo de su cuello. Probablemente la mejor hora para el baño es a media tarde, antes de su alimento.

Reacciona con llanto ante los ruidos fuertes y, por el contrario, se calma cuando oye música adecuada. También presenta posiciones corporales adaptativas al sentirse levantado en brazos. Por ejemplo, mueve sus piernas como un juego y cierra sus manos en forma de puños. Otra capacidad de adaptación al movimiento es cuando aprieta fuertemente tu dedo si lo introduces en su mano.

La sensibilidad de los pequeñines es sorprendente. Puedes observar como su llanto se interrumpe al sentirse sostenido por unas manos firmes y tranquilas, y como es capaz de prestar atención al suave sonido de una campanita cuando se encuentra despierto. Cabe destacar que durante esta etapa muestra una respuesta específica ante las figuras amadas, expresándola a través de una sonrisa, lo cual significa que ya ha establecido un contacto emocional que aún cuando no comprende el contenido afectivo, sí percibe la carga emotiva del lenguaje humano.

Un punto clave: los dos meses de edad


*Elena Arnáiz es profesora de psicopedagogía y orientación familiar

© 1999, El Palacio de Hierro